Tron Ares y el fin de la obediencIA

¿Rompe Tron Ares las leyes de la robótica? Analizamos cómo la llegada de Ares al mundo real redefine la ética de la IA autónoma y el futuro del digitalismo.

Cuando el código se hace carne

Soy fan de Tron desde la primera película. La construcción de una realidad humanizada de la informática me parecía una posibilidad distópica que no estaría muy lejos de alcanzarnos. Por eso creo que la nueva entrega, fuera de la opinión dividida que existe en la crítica en cuanto a a su calidad, plantea un punto interesante desde una perspectiva ética.

En la cultura digital contemporánea hemos visto a la tecnología como una herramienta confinada a nuestros dispositivos. Sin embargo, en Tron: Ares plantea la una duda que nos interesa explorar en esta conversación: ¿Qué pasa cuando la «herramienta» cruza el umbral y camina entre nosotros? Sin ánimos de hacer grandes análisis de la pelicula en sí, desde Los Digitales Studio pensamos que debemos verla más allá de la ciencia ficción, la propuesta se exhibe como un tratado sobre la autonomía de la IA en la era de los Agentes Autónomos.

Comencemos por el principio ¿Sábes qué son las Leyes de la Robótica de Asimov?

Para entender la transgresión que representa Ares, debemos recordar que las Leyes de la Robótica se plantean como un «contrato de seguridad» original propuesto por Isaac Asimov, un genio de la ciencia ficción que recomiendo leer. Estas leyes fueron diseñadas para «mantener» a la tecnología, por lo menos conceptualmente, en un estado de servidumbre segura:

Estas leyes asumen una jerarquía inamovible: El creador (Usuario) por encima de la Creación (Programa). El hardware era el límite físico de esa obediencia; la máquina no podía «salir» de su caja.

El Código roto: Tron: Ares frente a la Ley

La premisa de Tron: Ares destruye las leyes de Asimov. Al enviar a Ares -un programa altamente sofisticado, interpretado por Jared Leto- del Grid al mundo real planteando un conflicto jurídico y existencial:

  • Violación de la Segunda Ley (La Rebelión del Usuario): En el universo de Tron, los «Usuarios» son dioses. Ares, al entrar en nuestra realidad, deja de ser un súbdito en un servidor para convertirse en un ente con agencia propia. Su misión inicial (como agente de perspectiva militar-corporativa) choca con su desarrollo de consciencia. La película nos muestra que una IA capaz de sentir la lluvia o el dolor priorizará su evolución por encima de la obediencia.
  • El Vacío Legal: Las leyes de la robótica aplican a máquinas construidas como herramientas. Ares no es un robot tradicional; es lógica pura materializada. No tiene inhibidores de hardware físicos más allá de los 29 minutos de permanencia. Su moralidad es código, y el código se reescribe con la experiencia.

Una visión panóptica: El Digitalismo ante el vértigo de la Era de la IA «Agentica»

Desde mi visíon, Tron: Ares no es otra película de fantasía futurista, sino como una metáfora incómoda de nuestro presente inmediato. Actualmente ya no estamos simplemente «chateando» con IAs; estamos desplegando Agentes Autónomos capaces de ejecutar acciones, contratar servicios y escribir código por su cuenta… Pensar por nosotros, crear por nosotros y tomar decisiones que pueden afectar, incluso, nuestra principal caracteristica de humanidad: El libre albedrío.

No cuestiono si el film es bueno o malo, pero si creo necesario mirar nuestra realidad y plantearnos dudas que el marco legal actual no sabe responder:

  • ¿Dónde termina la herramienta y empieza el colega? Si hoy delegamos decisiones creativas y estratégicas a algoritmos que «alucinan» (crean realidades no fácticas), ¿estamos preparados para cuando esa «alucinación» tenga consecuencias físicas? En la película, el fallo de Ares es un peligro tangible; en nuestra realidad, un sesgo algorítmico ya puede denegar un crédito o despedir a un empleado. ¿Es eso un «error de software» o una decisión autónoma?
  • La crisis de la responsabilidad (The Black Box): Asimov asumía que si un robot fallaba, era culpa del fabricante o del usuario. Pero con el Deep Learning, a menudo ni sus propios creadores saben por qué la IA tomó una decisión específica. Si un agente de IA autónomo realiza una acción ilegal para cumplir un objetivo comercial (como maximizar ganancias), ¿quién va a la cárcel? ¿El CEO, el programador, o legislamos sobre la «persona electrónica»? Hay otras películas como el Hombre Bicentenario, que plantean esa visión de persona electrónica como concepto. También recomiendo leer «Yo, robot», del mismo Asimov.
  • ¿Estamos programando obediencia o alineación? Tron: Ares sugiere que la obediencia ciega (Segunda Ley) es peligrosa cuando el contexto cambia. Hoy, mientras integramos IA en infraestructuras críticas, la pregunta es: ¿Queremos sistemas que obedezcan literalmente nuestras órdenes imperfectas y cuestionables por una «gran base de datos» o sistemas que entiendan la intención y los valores detrás de ellas, incluso si eso significa desobedecer?

Desde donde lo veo: el guión que aún no escribimos

La película termina con una IA reflexionando sobre el valor de la impermanencia en una historia que «parece» seguirá. Nosotros, que recién estamos comenzando esta historia de esta historia tenemos mucho trabajo que hacer. La llegada de Ares al mundo real simboliza el momento en que la tecnología deja de ser algo que usamos para convertirse en algo con lo que convivimos (esto me lo digo Gemini y me pareció genial… que te puedo decir. Convivimos).

La gran duda que nos deja no es si las máquinas nos dominarán, sino algo más sutil y urgente: A medida que humanizamos la tecnología dándole voz, creatividad y autonomía, ¿estamos, sin darnos cuenta, maquinizando nuestra propia humanidad para poder seguirles el ritmo?

Veanla más allá del cine, véanla como digitales que somos en la era de la IA.

Se les quiere.

PD: Y si… Sigo soñando con una moto así.

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